Supongo que a estas alturas debería llevar más cuidado con estas cosas que siempre me propongo llevar con mayor delicadeza. Supongo que, sentada en esta azotea mirando todo y observando nada mientras el pelo me come la cara consolando que no seas tú, es la única manera de sentirme grande viendo que todo lo de ahí abajo es tan sumamente pequeño desde aquí. Quién me iba a decir a mi, que de pies cruzados y manos en los bolsillos, mientras mi cuerpo lucha sin gana en contra del viento que me empuja hacia el vacío, encontraría la manera de sentirme por encima de algo que no sea tu cuerpo. Supongo que cuanto antes empiece a asumir que no volveré a amar a nadie como un día lo hice contigo, será mejor. No sé si por ser el primero, o simplemente por ser tú. Te he visto ser magia, brillar y soñar y volar. Y después de ver los verdaderos motivos de felicidad sé que eso sólo lo conseguirá una persona en tu vida, y la mía acaba de finalizar su último truco de magia. Y para qué engañarnos, tú y yo sabemos que pasarán años, los suficientes como para dejar de tenernos tanto odio por esto. Por dejarnos olvidar. Por olvidar mantenernos. Mientras, tú conocerás a otras muchas, yo a otros más que tú. Por rabia o por placer. Mañana vendrá el primero a mi casa, preocupándose por mi como a veces tú ni hacías, y por eso debería confiar en que no me dejará tirada, supongo. Supongo, porque tú me enseñaste a dejar de hacerlo. Pero para qué engañarnos, más. Ya no quedan personas que empiecen a hablarte con vergüenza, duerman horas contadas con los dedos de una mano por no querer dejar de hacerlo sólo contigo a través de una pantalla, ni que queden contigo en un jardín. Por quedar no quedan ni tíos. Sólo imbéciles que brillarán, minutos. Y te harán brillar a ti, segundos. Supongo que eso debo empezar a asumir, a ser momentos de alguien, alguien que para mi terminará siendo todo. Y tu ahí, yéndote, tan brillando. Sin embargo, me consuela saber que alguien te conocerá como yo lo hice, no como los demás creen haberlo hecho. Fuiste demasiado, eres y serás. Serás, todo aquello que un día dije que jamás serías. Dolerá, como duele todo que igualmente cura. Y es que, es la única prueba que tenemos para saber que de verdad se sintió y que fue más que verdadero, a pesar de que hoy ya no lo sea. Si algo debemos tener en cuenta, por encima de todo, es que nada es eterno, y que todo lo que viene se va. Que tú viniste y hoy te vas, y mañana vendrá otro y se irá. O quizás se queda más tiempo que tú. Quizás para siempre en serio, no tu para siempre. Sin embargo, no sentiremos lo mismo,porque nada, jamás, será eterno.
sin razón
domingo, 7 de agosto de 2016
No es un hasta pronto, si no un adiós.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)